MASTER AND COMMANDER: AL OTRO LADO DEL MUNDO (2003)

Área de Cine y Audiovisual / Cine Club

La superproducción más hermosa y adulta que nos haya brindado Hollywood en muchos años, un bello poema visual y sonoro lleno de detalles y matices humanos.

Tomás Fernández Valentí

Recrea cuidadosamente, sin estridencias existenciales de ningún tipo, la vida en el interior de un barco efectuando un amplio y veraz retrato de personajes y situaciones.

Lluís Nasarre

“Primero, la aventura en sí misma, la lucha contra otros, o contra la Naturaleza, el aspecto espectacular y más grande de la vida que el cine ha heredado del pasado (…). Otra, el propio trayecto vital de los héroes, esa mezcla de aprendizaje para la vida y de crecimiento interior que, desde las grandes epopeyas de la antigüedad clásica, han sido el sustento de este tipo de aventuras. Y en tercer lugar, una razonable cuota de misterio, de sentimientos que se viven pero no se expresan (…) y que constituyen el motor de todo el avance narrativo”.

Mirito Torreiro

Presentación

El Martes, 12 de diciembre de 2017, a las 21:00 horas, en la Sala Máxima del Espacio V Centenario, el Cineclub Universitario / Aula de Cine  proyecta la película “Master and Commander: al otro lado del mundo (2003)“, dentro del ciclo “Maestros del cine contemporáneo (VIII): Peter Weir”, en versión original en inglés con subtítulos en español. Entrada libre hasta completar aforo.

Master and Commander: Dos caras de la condición humana

Weir hace progresar Master and Commander mediante una mezcla de realismo y sublimación, combinando la dureza de personajes y situaciones con una visualización de sugerencias y emociones puestas en imágenes con su vibrante estilo sensual. La crudeza de las batallas navales con las que abre y cierra la película no se elude en ningún momento: Los muertos y los heridos se confunden en una masa turbulenta. Del mismo modo, el retrato del capitán está teñido de luces y sombras. Jack Aubrey es un personaje complejo, valiente y temerario, inteligente y sensible, pero que también comete errores.

Si el complejo perfil psicológico que la película brinda de Aubrey resulta espléndido y revelador de la seriedad con la cual está planteada, no lo es menos el del resto de personajes. Resulta ejemplar la descripción del modo de vida de los marineros del ‘Surprise’, su trabajo, su rutina, su forma de comer y de dormir, su compañerismo, aunque también sus miedos, sus supersticiones y su mezquindad, mediante pinceladas aportadas por personajes arquetípicos. Pero destaca por derecho propio el retrato del dr. Maturin. Resulta sumamente atractivo ver cómo a medida que avanza el relato se van acentuando tanto las semejanzas como las diferencias que existen entre ambos hombres, desembocando a pesar de todo en un proceso de mutua comprensión y recíproca influencia.

El film se centra en la contemplación del alma y el espíritu de los dos protagonistas. Compañeros y contrarios que se profesan mutua admiración. Aubrey, el capitán, es un hombre terrenal y realista. Con una confianza ciega en si mismo. Emocional y convincente. Líder y un hombre de acción. La vieja concepción del mundo. Por el contrario, el doctor, naturalista y espía catalano-irlandés Maturin, es un intelectual y un personaje reflexivo. Incluso un rebelde como lo etiqueta Aubrey. Su persona supone el pensamiento nuevo en un entorno revolucionario. Los dos, delante de los avatares de su vida, son complementarios. Tienen una visión pareja y realista de cómo es posible sobrevivir, mediante una inquebrantable relación de amistad, lealtad y respeto, en un océano donde transcurren guerras. Comparten algunas afinidades (la música), pero, a su vez, representan el eterno debate sobre las dos caras que puede haber acerca de la condición de la naturaleza humana.

Master and Commander: Un espectáculo cinematográfico

Master and Commander es además un espectáculo cinematográfico. Para demostrarlo, y convertirse en un apasionante relato de hazañas bélicas en el mar, se introducirán en el film todos aquellos aspectos (batalla naval al inicio y al final) y figuras narrativas habituales (el pasaje en el Cabo de Hornos) que configuren su entramado argumental, a la par que los condicionantes necesarios que se necesitan para dar atractivo comercial a un producto de estas características. Lo primero es el sentido de la Aventura con mayúsculas, con sus consiguientes dosis de aprendizaje. Su interpretación, arrogante, sobria y comedida, del Capitán -es Dios en su barco/mundo- del hombre con principios, que roza la insubordinación para materializar sus intereses por encima del deber, roza la perfección. De la misma manera que el versátil Bettany se muestra maravillosamente comedido al abordar su rol de positivista hombre inquieto a la par que racional y revolucionario intelectualmente. A partir de su duelo interpretativo, de los diálogos/enfrentamientos verbales entre ambos o de esos momentos, en lo que se retiran a la paz del camarote del capitán para interpretar, entre otros compositores clásicos, música de Mozart, de Corelli o Boccherinni, con piezas que se añaden a la banda sonora para generar una atmósfera muy concreta a la par de irnos introduciendo en la acción, en la historia y en el devenir particular de ese micro-cosmos, orquestado por Aubrey.

 

Fuente: Cuaderno del Cineclub Universitario / Aula de Cine.

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